CNN+


Soy insomne. Un insomne intermitente, inconstante, aficionadillo nada más a lo de recibir un nuevo día sin haber despedido aún al anterior. Un insomne a plazos que ocupa las horas que deberían ser del sueño en escuchar la radio y leer (principalmente podcats de Asuntos propios, El ojo crítico o La rosa de los vientos en lo que atañe a lo primero, y La odisea en lo concerniente a lo segundo, a estos tiempos y a las obligaciones de lo mío). Y hasta ahora, también en rellenar de madrugada croasanes del Mercadona con Nutella, acompañados de cualquier cosa bebible y seguidos de un cigarrillo clandestino, mientras me ponía al tanto de lo que acontecía por estos mundos nuestros mirando CNN+. Hace un par de semanas leí en el muro de uno de esos grupos a los que estoy suscrito en Facebook que sustituían CNN+ por un canal de 24 horas de Gran Hermano. Como soy seguidor de El mundo Today pensé que la noticia no era sino otra chanza de sus redactores, pero a los días comprobé que era real y que Gabilondo, con el que aun discrepando en la mayoría de las ocasiones me une la simpatía por la idea del periodismo como servicio público, J. Mª Calleja, Antonio San José (el mejor entrevistador de la televisión nacional), y con ellos el resto de equipo técnico, corresponsales, presentadores y guionistas, pasarían a engrosar la vergonzosamente desmesurada trupe de lo que, en un miserable alarde eufónico, se llama ahora trabajadores no activos. Miguel, un buen amigo con el que suelo emborracharme y platicar sobre politiqueos y otros asuntos de mejor gusto, defensor del ideario económico del libre mercado, sostiene que la competencia entre empresas siempre redunda en un mejor servicio para el consumidor. Yo soy de los que piensan que el único servicio que se me viene a la cabeza cuando pienso en las chonis y los analfabetos de gimnasio del programa de la Milá es el que se adorna con un váter hasta las trancas de mierda.

Quizá algunos penséis que este cambio es una prueba de que las cosas van a peor. Para mí, es otra evidencia de que ya somos ese peor.

Feliz año nuevo a todos.

Wikijota

Se dice que Zapatero ha desvelado a sus íntimos (al menos, a uno de ellos) su intención de presentarse o no a las próximas elecciones. También se dice que será Rubalcaba el que, visto el desgaste de nuestro actual Presidente del Gobierno, será el candidato por el PSOE. Yo, hoy, día de San Honorato de Tolouse, vaticino que Carme Chacón será la persona propuesta para dicha candidatura.

Chimpón.

Imagen de aquí.

La Ley Sinde


En esos momentos se está votando la Ley Sinde. Como no tengo tiempo para escribir todo lo que pienso sobre los artistas, la SGAE, el Gobierno, las multinacionales de lo audiovisual, la música de pago en descarga que vale cuesta un miserable 10% menos que en su soporte físico, el canon, el derecho a copia privada y tantos y tantos etcéteras, me limito a copiarpegar un tweet de Alejandro Sanz muy fresco (aplíquese el adjetivo a lo dicho o al dicente, que esto es como lo de Isabel y Fernando):

Alejandro Sanz

On Tuesday 21st December 2010, said:

Que cobardes los politicos EspaÑoles, no van a votar la ley sinde de proteccion a la propiedad intelectual porque es impopular... cobardes e hipocritas.

Yo creo que está todo dicho.


Imagen del genial J.R.Mora, cuyas viñetas se publican regularmente en este blog (abajo a la derecha).

30 de noviembre de 2010



Debo llevar casi dos horas andando. Vivo en un pueblo, uno de esos que huelen a mar cuando regresas después de un largo viaje, pero que apesta a óxido cuando sabes que llevas en él demasiado tiempo. No he visto a nadie en toda la noche, y me cuesta controlar los tiritones con este frío que se te va soldando poco a poco a los huesos. Mi cuerpo titila al son de Antony And The Johnsons, baila bajo el cortavientos al compás de un gigante que parece cantar desangrándose, y su voz tibia derramándose en mis oídos es, ahora, lo único que me mantiene vivo. Llevo puesta mi ropa de montaña, creo que porque me hace sentir seguro, porque de alguna manera sigue oliendo a novecientos kilómetros de soledad, porque nada puede hacerme daño debajo de mi disfraz de voy-a-empezar-de-nuevo (otra-vez-de-nuevo). Sigue lloviendo, como todo el día, aunque ya ha dejado de importarme. A veces, simplemente, es así. Las cosas ya no importan, y yo camino durante horas en mitad de la noche hasta que encuentro un motivo para volver a casa antes del alba. Un libro con olor a cerezas, por ejemplo.

4:42 a.m. Me pregunto qué estáis haciendo ahora todos vosotros.

The International - Dinero en la sombra


De tanto hablar de rescates se nos va a olvidar quiénes son los secuestradores.

Decoración de interiores


Me ha dado por trastear las tripas del blog, y como todo lo que toco se rompe, ya no he sabido armarlo como estaba. Ahora me parece que queda todo más claro, aunque en un alarde de actitud democrática y, sobre todo, porque ya me duele la quijotera de darle vueltas a los muebles, he decidido colocar una encuesta a la derecha de estas líneas para ver qué os parece a vosotros. Sírvanse pues de entrar, mirar, tocar cuanto quieran y votar una de las opciones. Queda algo de cerveza en la nevera y hay panchitos en el armario, por si gustan de tomar un piscolabis mientras se deciden. Yo, por ahora, me limitaré a mirar la imagen que encabeza este post y que, sinceramente, es lo que más me gusta de todo lo que he colgado hasta ahora, textos incluidos. Por cierto, no es mía.

Editado: Según el resultado de la encuesta, 64% Mejor que antes, 10% Peor que antes, 10% Me es indiferente y 14% Sigue siendo una mierdaca. Sí, tiquismiquis, lo sé, falta un 2%.

La política que no vemos

Fotografía de Bernardo Corral


Va para algo más de lustro y medio que alumbré este blog, tintado desde su esencia de una clara vocación de denuncia social y política, y aderezada la sopa binaria resultante con una pizca de inquina de las de denominación de origen. Con el paso de los días, y dándome de bruces por enésima vez con la certeza de que yo no soy de vocaciones, acabé desviando sus pasos y los míos hacia lo personal, una vez el hastío y el aburrimiento de la res pública hicieron presa en mí. La política y (o por) los que se sirven de ella dejaron de interesarme, los titulares se repetían como un mantra en las portadas de los periódicos y se volvió, de previsible, cansino, el juego de bajar el volumen al televisor simulando ser yo el que hablaba por boca de nuestros honorabilisísimos representantes sin temor a errar lo que éstos decían. Después fue incluso peor, cuando ya no alcancé a destilar gilipolleces en grado tal que, más que propias de licenciados en el noble arte de la oratoria, parecían éstas inherentes a micos o periodistas deportivos, que no se diferencian sino en el porte de una pulsera Power balance que ayuda a situar a los segundos debajo de los primeros en la escala evolutiva. Pero anoche, naciendo la madrugada, todo cambió. Dicen que hay vientos que acaban llevándose en volandas el buen juicio de las personas, de las que aún lo tengan, tuvieran o tuviesen, así que no estoy seguro de si la ciclogénesis explosiva que estrena la temporada otoño-invierno ha acabado por aflojarme el tornillo que me quedaba y no vi lo que vi ni escuché lo que escuché. En cualquier caso me fui a la cama pensando que, por primera vez desde hacía mucho, demasiado tiempo, un político había conseguido avivar mi atención, mi interés por su trabajo, y me acosté con la sensación de que no me habían contado un cuento de buenas noches.

Estoy hablando de la entrevista a Jesús Eguiguren en el programa Salvados.

Iba a escribir algo...


Pero un piquete me ha puesto silicona en la tapa del portátil. He intentado convencerlo de que aunque lo de escribir tontunas aquí es un curro, no es un trabajo. Al final he decidido irme a tomar un café en cuanto he visto que sacaba las instrucciones del bate de béisbol. Ni cuando he esgrimido la cartilla del paro se ha dado por vencido. Esquirol y encima sumergido me llamaba.

Imagen: Homo piquetensis explicándole a un dinosaurio que hoy no hay oficina.

Orgullo patrio

Parte 1:




Parte 2:

Arcade fire


The suburbs
es el nuevo disco de Arcade fire, el tercero tras el sublime debut con Funeral (2004) y el épico Neon Bible (2007). Esta muchomásqueuna banda de rock independiente se ha convertido para muchos (entre los que me encuentro), y con sólo tres discos editados, en el grupo más grande de lo que llevamos de siglo. No es mi intención sepultaros con datos sobre la discografía y biografía de Arcade fire, ni tampoco podría desmenuzar aquí sus canciones con la atención que se merecen; lo primero, porque San Google lo hace mucho mejor que yo, y lo segundo, porque sería labor imposible sin verme emparedado entre la falta de espacio y la devoción que profeso hacia la música de la banda canadiense.

Lo que quería contaros es que, como parte de la promoción de The suburbs, Arcade fire ha lanzado un videoclip (creo que no es la palabra exacta. No, no lo es) que podéis ver (no, ésta tampoco es la palabra) aquí y que es, dejando de lado el apartado técnico, una verdadera joya en cuanto a originalidad y estética.


Esta creación audiovisual interactiva (je) está escrita en HTML5, la evolución del HTML de toda la vida (ya sabéis, lo del
Ver/Código fuente), y constituye un ejemplo de lo que debe ser una banda que está un paso por delante de las demás. Y hasta aquí puedo leer, porque los regalos son más bonitos cuando no se sabe lo que hay dentro de la caja.

De aquellos polvos...


¿Un 30%? Mira que te lo dije. Esto va a ser una mierda, mejor hacemos lo que hasta ahora, que nos va muy bien con lo de poner el cazo y mirar para Cuenca. Pero no, tenías que ponerte bravo... Joder, putos novatos ¡Pero si ni siquiera tienes barba! ¿No habíamos quedado en esperar a después del verano para que te la dejaras crecer? Al menos con el otro formábamos un dúo gracioso. Los Pulga y Linterna de las pancartas:

-"¿Cómo está la maniiiiii?
-"Abarrotáaaaaa" contestaban todos.

Y ahora míranos. Ni un 30%, y eso que los datos son nuestros. He seguido el manual al pie de la letra: parar el metro en las capitales, montar un par de buenos atascos en la entrada de las ciudades, mandar a nuestros muchachos a las estaciones de tren y autobús a explicarles por las buenas a esos malditos esquiroles que hoy no se trabaja, mandar a nuestros muchachos a las estaciones de tren y autobús a explicarles de otra manera a esos malditos esquiroles que hoy no se trabaja... Hasta hemos hecho un vídeo con el Chikilicuatre mentando a los bancos, a los empresarios y hasta al mismísimo Don Manuel. Ni el 30%, joder.

Espera... ¿no habrás contado a los parados, no?

Mierda.

Madrid, 29 de septiembre de 2010.


Imagen*

Julio de la Rosa



Recuerdo que aquel verano nos fumábamos las últimas tardes del siglo XX en el garaje de Raquel, entre ensayo y ensayo. Un cuarto de seis metros cuadrados en el que aún deben retumbar canciones que nunca entraron en el disco, un par de cervezas y un cacho de césped en el que dar tregua a yunque, martillo y estribo era todo lo que necesitábamos. Luego, de vuelta a casa en el coche de Josele, sonaba El hombre burbuja y todos nos mirábamos sin hablar. Sonreíamos.

Julio de la Rosa es, en una opinión tan personal como emocionalmente vinculada, uno de los mejores autores de la historia reciente del pop en castellano, casi a la altura de nombres como el de Fernando Alfaro, Antonio Luque o Manolo Martínez. Durante su etapa en El hombre burbuja, aún lejos de la madurez compositiva que de la Rosa exhibe en sus discos en solitario, su pop espeso, honesto y agridulce nunca fue pasto de radiofórmulas, quizá por su tan evidente influencia del Olimpo indie (Pavement, Sonic Youth, Pixies...) y por la poca atención que desde las grandes discográficas se prestaba por aquel entonces a un movimiento musical que ya aglutinaba a miles de personas en los estivales festivales, quizá por todos los problemas contractuales con su(s) compañía(s) que lastraron la trayectoria comercial del grupo desde el principio.

El caso es que El hombre burbuja contaba como virtud un sonido propio, donde no era complicado identificar un estilo marcado por unas líneas de bajo contundentes que serpentean a lo largo de cada tema, sucios arreglos de guitarra que arrastran su regusto a válvulas de estrofa en estrofa con riffs pretendidamente vintages, guiños in crescendo (por suerte, no in abusando) a la electrónica y el hip hop con la inclusión de scratches y alguna base a lo old school, y letras que juegan a ser irónicas y no acaban de marcar con claridad la línea que separa el desaliento del optimismo más claustrofóbico. En cualquier caso, un grupo en evolución que mostraba en los medios tiempos su mejor versión y hacían marca de la casa su eclecticismo y actitud.

Unos años después, Julio de la Rosa debuta con M.O.S. (2004), primero de los tres discos de su producción en solitario, donde su faceta de letrista alcanza sus cotas más altas hasta el momento. Desde entonces, y sobre todo en su segundo disco (Las leyes del equilibrio, 2005), sus trabajos se amparan en la belleza sin concesiones y en un lirismo cercano a lo poético, con ambientes oscuros, prostibularios, y que en su tercer disco (El espectador, 2008) recuerdan por momentos a un Tom Waits arrabalero y pertrechado, casi cosido, a un acordeón omnipresente.

Julio de la Rosa ha publicado, además, dos libros disponibles en .pdf para descarga gratuita: Tanto rojo bajo los párpados y Diez años foca en un circo.

Toda esta parrafada es para decir que está a punto de sacar su cuarto disco, La herida universal, en el que se incluye la canción del vídeo que encabeza este post.

Yo puedo parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar: soy realmente un idiota.

Hace unos días, y a propósito del buen montón de comentarios que venía recibiendo en mis entradas pero no acerca de ellas, comenté en un post que había inscrito este blog en un concurso del portal 20 Minutos (a mí me gusta más el XX Minutos, pero yo es que siempre he sido muy de números romanos). De vez en cuando me divierte apuntarme a alguno de los miles de certámenes que salpican la Red, ya sea en formato blog o relato, y aunque casi nunca gano, suelo acabar encontrando alguna bitácora que termina por aterrizar en mi carpeta de Marcadores/blogs o en el blogroll que tenéis a la izquierda de este texto. Así ocurrió hace dos ediciones del 20 blogs, también en la edición del año pasado, y ya empiezo a temerme que no caerá esa breva (bien me conformaría con un higo verdal) en la que se está llevando a cabo en estos días, probablemente más por el pavor que siento a morir anegado entre panfletos (sueño recurrente donde los haya) que por la ausencia de blogs meritorios.

Y es que, cada vez más en este tipo de concursos, en el camino hacia el premio queda supeditada la calidad de sus textos o las ideas que éstos expresan a lo que los americanos llamaron cold door. Los participantes alumbran posts como si de churros se tratara, sin otro propósito que llamar la atención a base de una exacerbada fecundidad, y exprimen cada uno de los carísimos megas de su ADSL para comentar acá y acullá su “Me ha gustado mucho tu blog. Te dejo la dirección del mío por si te apetece votarme”. Debe ser el estribillo de la nueva canción del verano, ahora que el gran Georgie Dann parece estar de capa caída. El caso es que un candidato que no hace campaña tiene tantas posibilidades de éxito como la Esteban de que la inviten a Redes, y cuando pretendes ganar un concurso en el que participan más de cinco mil blogs, es normal y del todo lícito buscarse las mañas para publicitar el propio a la pesca de lectoresbarravotantes. Lo que no acabo de entender, por una mera cuestión de mecánica cuántica convencional, es que en el foro del concurso, y sólo tras tres semanas desde que éste arrancara, aparezcan blogueros que cuenten sus comentarios en el mismo por cientos (algunos ya han superado con creces el millar). Igual tienen activado el modo inconsciencia, y ya se sabe que a esas profundidades el tiempo pasa más despacio.

Nota primera: Suerte a todos los participantes.

Nota segunda: Para los curiosos, éste es el blog que encabeza las votaciones de uno de los concursos más populares de la cosa del blogueo. Sí, es un blog de chistes y tontunas. Y además han puesto de moda (Google arroja unas 900 entradas) el texto:

"Hola!!! acabo de descubrir tu blog en el concurso este de los premios 20blogs y nadaa, que muchisima suerte!!! :D

y bueno ya que estamos te permito que te pases por mi blog que participa en humor….. y si lo consideras conveniente pues tambien te permito que me votes!! xDDD

un saludo!! ;)
SORCIOS.COM".

Nota tercera: Para los maliciosos, la nota segunda no va con sorna. Labios como espadas también es un blog de tontunas (para lo de los chistes nunca he tenido gracia).

Nota cuarta: Acabo de comprobar, como parte del arduo trabajo de investigación que se desprende de la lectura de estas líneas, que tengo un par de votos, ocupo el puesto número 73 en la clasificación, y que los lectores me han puntuado con un cinco sobre cinco en lo de las estrellitas. Me retracto de cualquier atisbo de ironía que sobre este magnífico certamen pudiera malinterpretarse en el texto de esta entrada.

Nota quinta: En uno de los comentarios me califican como anarquista de corazón. Me retracto de la nota cuarta.

Entrada lisérgica



Currar de noche tiene su aquél. Lo tiene cuando de poner música se trata. Dj pinchadiscos, o algo así. Y llevo a cabo mi encomienda, y me regocijo, y me parapeto entre los auriculares y la sonrisa de medio lao a lo Pedro Navaja. Y remato con I wanna be sedated, y apostillo con That´s how people grow up, y acabo con Love will tear us apart. Si no sabes de lo que hablo, no aparezcas. Si vas a insultarme con wakawakas y canciones de maletero de coche en el parking de la Metro o la Central, no aparezcas. Si piensas que entiendo la lengua en la que hablas, que encuentro algún sentido en las palabras que balbuceas entre golpe y golpe de bombo, no aparezcas, porque no tengo la más mínima idea de qué estás diciendo. No te entiendo. Deja de esforzarte. No te entiendo. No hablamos el mismo puto idioma.

Mierda de artista



"La mierda de Manzoni es arte porque no es mierda"

Antes de morir, Manzoni guardó sus excrementos en una caja y los cerró con con correspondiente etiqueta. Durante años el mercado ha comprado éste objeto de culto. Ahora parece que Manzoni sólo enlató un poco de yeso, el mercado se siente estafado porque la mierda que le vendió el artista como tal, no era. Manzoni les estafó porque era un verdadero artista."Acostumbrado a venerar tal reliquia, el papanatismo que sostiene el arte se siente ahora burlado y estafado".


Entrada literalmente copiada del muy aconsejable blog mil imágenes sin más, de maryshelley, autora a la que pido disculpas por mi atrevimiento y falta de originalidad.

Educación para la ciudadanía

Brenda Mazibuko: -"¿Ve todas esas banderas del Apartheid? Son una vergüenza".
Nelson Mandela: -"Y un derecho constitucional".

Diálogo atribuido, según la película Invictus, al entonces Presidente de Sudáfrica, Premio Nobel de la Paz y defensor de las libertades y los derechos humanos Nelson Mandela y su ayudante Brenda Mazibuko.

Aviso para navegantes y buzoneadores

Hace dos o tres años inscribí este blog en el certamen que, con una periodicidad anual, viene convocando el portal de noticias 20 Minutos. Aquella primera vez me sirvió para conocer algunas de las mejores bitácoras que pueblan la blogosfera y de las que me he convertido poco menos que en acólito, motivo más que poderoso para que venga repitiendo mi participación desde entonces. También aprendí en mi bautismo concursal que cuando entregas la potestad de otorgar el premio al ganador a los propios participantes del certamen, los blogueros, lo que podría parecer una decisión del mismísimo tercer rey de Israel se convierte en una enorme ciénaga de miel sobre hojuelas para los amigos de la picaresca y golfos apandadores. Y es que, en plena campaña electoral, estos tunantes aprendices de la más deleznable casta política se arrastran por los vericuetos del sistema de votación, ya sea apuntando varios blogs al concurso para así favorecer a uno de ellos, ya sea insultando la inteligencia del resto de los blogueros a concurso mediante comentarios como los que vengo recibiendo desde hace días a las entradas que aquí publico y que, como ejemplo, ilustro con los que extraigo a continuación:

Ejemplo 1: Enhorabuena por tu página te deseo suerte en el concurso "Premios 20blogs" :-P puedes pasarte si quieres por nuestro blog y echarle un vistazo http://blablabla... si te gusta también puedes votarnos xD

Ejemplo 2: En primer lugar te envío un cordial saludo desde Chihuahua, Chih. México. He estado visitando los blogs que participan en la categoría "Actualidad" de los "Premios 20 blogs". Deseo mucha suerte y muchos votos para tu blog y aprovecho para invitarte a visitar mi blog que fue creado con la intención de publicar mis artículos de opinión que muchas veces son censurados por el gobierno. Tristemente Chihuahua se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo por la ola de violencia generada por el crimen organizado; el periodismo se ha convertido en uno de los oficios más peligrosos; pero mi lema es: prefiero morir hablando, que callada. Te invito a que conozcas mi blog y si es de tu agrado me des tu voto. http://blablabla...

Estimados buzoneadores: No gastéis vuestro tiempo ni el mío, que nunca es demasiado, en colocarme publicidad no solicitada en los comentarios de mis entradas. No voy a publicar esos comentarios si no aluden en cierta manera al contenido de la misma. No tengo la más mínima intención de mentar vuestro blog cuando sé que no os ha interesado lo que he escrito, que no lo habéis leído, y que vais con el cuento de una casa a la otra dejando la cagaíca como es pertinente en esta época del año a los dípteros entre los que os contáis sin rubor alguno. Sin acritud, sólo es una cuestión de respeto mutuo. Yo también os deseo suerte.

Otro día me entregaré con fruición a la disección de este concurso en el que, como ya he comentado y ahora recalco y puntualizo, participo en sus tres últimas ediciones.

La estatua de sal


Llevo semanas sin escribir algo decente, acaso un par de líneas que no despierten en mí el rubor de la vergüenza tras darle al botoncito de Publicar entrada. Semanas sin leer vuestros blogs, sin comentar, casi sin pensar. Me pregunto qué sentido tiene ya este blog. Desde luego, no abandonarlo a su suerte hasta dejarlo naufragar y hundirse anegado entre olvidos. Antes prefiero matarlo, pasarlo a cuchillo, que verlo agonizando devorado por mi pereza. Intento hoy germinarlo de nuevo, inseminarlo y verlo así parir estos próximos días. Intento hoy que su aliento me dé la vida que me falta.

Cuado vayas a los toros no te pongas la minifalda.


No me gustan los toros. Nunca he ido a una corrida y nunca iré a verla. No habrá una foto mía como la que precede a estas líneas en la que mi cabeza sustituya a la del Sr. Montilla dentro de un círculo rojo. Ni siquiera he visto eso que llaman La fiesta nacional por la televisión.

Y ahora, una vez manifestada mi inexistente afinidad por las corridas de toros y el podrido mundo que las rodea, me posiciono enérgicamente contra todos aquellos que en el día de hoy se felicitan por su abolición en Cataluña. Me posiciono contra la absoluta necedad de entender una prohibición como una victoria, me postulo contra aquellos que desde su ignorancia no alcanzan a comprender que, más allá de una forma de arte, trascendiendo una fiesta que pintaron Goya o Picasso, que cantaron poetas e inmortalizaron los mejores escritores de este país, hoy somos un poco menos libres y un mucho más demagogos.

Las corridas de toros están destinadas a morir por inanición más pronto que tarde, incluso es probable que hoy sólo fueran parte de nuestra memoria nacional si los toreros hubieran mantenido sus estoques lejos de duquesitas, modelos y habitantas del papel couché. Pero no, había que prohibirlas, como se hizo con la literatura o el teatro durante años, con el carnaval durante el franquismo, y como se hará con otras cosas mañana en aras de una perfecta y civilizada sociedad moderna. Civilizada y perfecta. Asépticamente perfecta.

Yo no entiendo los toros, no veo el arte que encierran, como tampoco el genio en el Cubismo, la belleza de las Matemáticas o la tercera Luna de Júpiter. Y tú, que tampoco los entiendes, que te parapetas en el sufrimiento animal para justificar las cadenas con las que hoy me sometes, deberías visitar las granjas avícolas donde miles de gallinas, cuyos huevos te alimentan, se amontonan y mueren de calor o simplemente de locura tras una vida de mierda. O los millones de peces que perecen asfixiados o despedazados, arrastrados por redes que sirven a técnicas de pesca absolutamente depredadoras para que te comas tus sardinitas en espeto en cualquier playa del sur. O quizá deberías consultar a tu perro o a tu gato, tú que te defines como amante de los animales, si merecían verse castrados, mutilados, mientras te excusas en que "es por su bien" cuando lo único que de verdad quieres es que no se te meen en la alfombra. Deberías preguntarte de dónde viene tu ropa, tu amado Iphone, y todo aquello que consumes de manera desmedida manchando tus manos de una sangre que por invisible no duele.

Sí, es cierto, estoy siendo demagogo.

Aunque un poquito menos que tú.

Iniesta de mi vida

La persistencia de la memoria

Son legión las ocasiones en las que, desde esta bitácora, he confesado mi afición a la radio, una comunión intelectual y sentimental que me ha convertido en adicto a los Asuntos propios de Toni Garrido o a La rosa de los vientos del maestro Cebrián (D.e.P.). En el podrido mundo maniqueo que vamos dejando en herencia a las nuevas generaciones en lo que a lo que a contenidos de medios de comunicación se refiere, cada vez resulta más complicado descubrir espacios que se atrevan a hacer de sus programas un dechado de cultura, información y entretenimiento. Hace un par de días tuve el honor de que uno de esos programas, A cielo abierto, considerara que mi relato Cambio de hora merecía ser el ganador en el certamen de microrrelatos que habían convocado. Desde aquí me gustaría mostrarles mi agradecimiento, tanto por el premio como por su forma de entender la radio. Así pues, muchas gracias a todo el equipo de A cielo abierto por hacer un poco más cortas las largas noches de insomnio.

En cuanto al relato, un arrebato metafísicoamoroso publicado en este blog hará un par de meses, sólo narra el intento de recuperar una hora de mi vida, la hora que transcurrió desde el segundo que tardó el reloj en pasar de las 1:59:59 a las 3:00:00 el pasado 28 de marzo, la hora que por arte de birlibirloque desaparece cada año una madrugada de primavera porque a las dos son las tres. Pero... ¿por qué no intentar retenerla? ¿Por qué no vivirla en ese segundo? ¿Por qué no llenarla con un recuerdo que, aun durando un instante, vale una vida?

En este vídeo podéis escuchar la locución del relato, aunque os aconsejo descargar el podcast para escuchar todo el programa. El fallo del jurado y la locución van antes y después del recomendable monográfico sobre Pablo Coelho.



Imagen: La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí.

Porque siempre sigues, siempre sigues, siempre sigues, siempre sigues ahí.



Ahora me daría igual que se me cayera el cielo encima a pedazos o que reventara mi corazón en partículas infinitesimales, porque nada puede dañarme cuando estoy dentro de una canción. Porque dejo de ser el idiota que gira sobre sí mismo buscando todas las razones del mundo para atreverse a dar un paso, cualquier paso. Porque todas las voces silencian sus gritos en mi cabeza, porque durante cuatro minutos y once segundos ya no soy un enfermo. Porque durante cuatro minutos y once segundos ya no soy. No soy.

Mercaderes del miedo


Desde hace un par de años, nos hemos visto obligados a convivir con una terminología que había permanecido recluida en contextos alejados de nuestro quehacer diario: el lenguaje de las finanzas. Así, términos como subprime o nombres como el de Madoff son hoy intrusos que campean a sus anchas por nuestros hogares y nos acompañan a tomar una cerveza o a comprar el pan al súper. Con esta entrada pretendo acercar un poco de luz a uno de ellos, las agencias de valoración, que parecen ser el nuevo invitado a nuestra mesa cuando, en realidad, llevan mucho tiempo condicionando la misma.


Episodio 1: La gestión de la criatura.

En el año 2000, y tras el fracaso de las puntocom, un mercado tan tentador como efervescente, los grupos financieros de inversión apuntan hacia el sector inmobiliario, y confiados en una aparente fiabilidad del mismo, se lanzan a la especulación crediticia. Prestan dinero a constructoras y empresas promotoras de viviendas, para después hacer lo mismo con los compradores, buscando crear un mercado de beneficios rápidos, basado en la creencia de que el valor adquirido siempre superaría el valor de la deuda, hasta que en su afán depredador acaban yendo más allá de la línea de seguridad con la concesión de préstamos a bajo interés a clientes de dudosa garantía. La consecuencia era tan previsible que sólo su desmedida avaricia les impidió verla a tiempo, y aunque todos sabían lo que estaba por llegar, no estaban dispuestos a permitir que se les escapara ni una sola posibilidad de exprimir una situación que acabó por echárseles encima. Como uno de esos yonkis que se repiten lo del “una más y lo dejo. Sólo una más. Por una más, no pasa nada”, o como una ruleta rusa en la que la tentación de apretar el gatillo por última vez es mayor que el miedo a encontrarse con la bala, hasta que… BANG.


Episodio 2: Expota, expota, me expló.

El 15 de septiembre de 2008, una de las mayores entidades financieras del mundo, Lehman Brothers, hace catacroker. La burbuja inmobiliaria estalla, las bolsas se precipitan y especuladores e inversores empiezan a mirar hacia las ventanas de Wall Street, sobre las que parpadea un imaginario neón con la palabra Exit bien grande, mientras el pánico se desliza por sus espinas dorsales helándoles el alma y la cartera. Cuando la burbuja inmobiliaria, la misma que era alentada día sí y día también por los medios, la misma que los gobiernos permitían y contemplaban con la complacencia de Nerón cuando pegó fuego a Roma, acaba reventada como un gato en una autopista, comienza esa epidemia que el Sr. Presidente de nuestro país se negó a nombrar como crisis hasta que ésta le mordió el culo. Los valores adquiridos, las viviendas que siempre se iban a revalorizar, empezaron a valer menos que la deuda que representaban.


Y aquí es donde entran en juego las agencias de valoración. Apenas unas horas antes de que Lehman Brothers quebrara, la agencia Standard&Poor´s, una de las más poderosas y reconocidas del mundo, le había otorgado una calificación de AAA, la máxima posible. La labor de estas agencias es valorar, calibrar el valor de una deuda y la seguridad en cuanto a la amortización de la misma. A partir de ese día 15 de septiembre de 2008, fecha oficiosa del inicio de la crisis financiera, y en semanas sucesivas, las otras cuatro mayores financieras de Estados Unidos corrieron la misma suerte que Lehman Brothers. Curiosamente, también habían sido calificadas con AAA por Standard&Poor´s, así como por Moody´s y Fitch, las tres agencias que se reparten el monopolizado pastel de las valoraciones de deuda. La paradoja, o no, es que el 93% de las notas calificadas como AAA correspondían a auténtica basura crediticia. La conclusión de que estas agencias habían estado encubriendo la situación de sus clientes, protegiendo su buen nombre y sus inversiones, y por ende sus propias comisiones, surge tan certera como tardía.


Episodio 3: Aflojando la mosca.

Con un tejido financiero hecho un siete, a los gobiernos no les queda otra que hacer de Robin Hood con un ligerísimo matiz: la pasta se la quitan a los pobres para dársela a los ricos. Entre todos los bolsillos de los contribuyentes esquilmaron unos tres billones de euros y así salvaron los relucientes culos que previamente se habían cagado en todos nosotros. La vuelta a los números positivos resultó en un repunte bursátil, y cómo no, en primas desorbitadas para los ejecutivos de las entidades financieras rescatadas que, sin sonrojo, se pulían en viajes, hotelitos de a seis mil la noche y vicios personales. No hubieran reventado como ciquitraques los cabrones. Lo que no se suele decir, lo que no hay cojones a decir por vías oficiales, es que esta operación sirvió, además, para transformar el dinero que sólo existía en los ordenadores y documentos en dinero real, dinero que venía del estado, dinero LIMPIO, borrando así cualquier resquicio que de mierda sospechosa pudiera quedar en las cuentas de los bancos.


Episodio 4: La pelota cambia de tejado.

Así terminó la primera etapa de esta crisis, la de la burbuja especulativa, la que atañía principalmente a los que manejan la pasta, y el marrón pasó de las manos privadas, las de unos pocos, a la pública, las de todos. Los gobiernos tuvieron que emitir deuda pública para rescatar a los grandes bancos y a Wall Street, y es ahora, en este punto, donde acaban de volver a asomar sus sucias narices las agencias calificadoras para valorar esa deuda pública emitida, que genera, paradójicamente, unos enormes dividendos al sistema financiero.


La deuda pública es el mecanismo necesario que cualquier estado requiere para obtener recursos financieros y afrontar los gastos de la gestión de un país, y ésta se ve incrementada en contextos económicos como el actual. Así, los bonos estatales emitidos tienen un valor, adquirido a un precio determinado, que en el plazo que se establezca tiene que ser amortizado al comprador a ese mismo valor, con el añadido, naturalmente, de los intereses devengados. Como en todo préstamo, existe el riesgo de que el emisor de la deuda, el estado en este caso, no sea capaz de amortizarla. Y tal y como ocurrió al principio de esta crisis, son otra vez las agencias de valoración las que estiman el nivel de garantía de la inversión. Si dicha estimación es negativa, esto supondrá unas condiciones más severas para los emisores de deuda, ya que aquellos que la compran corren un mayor riesgo y endurecen el mercado. Es tan sencillo como que si yo, que voy camino de la indigencia, me acerco a mi banco a pedir tres mil eurillos, tendré que dejar por si aca mi riñón bueno en depósito en la nevera para riñones que tienen en la cámara acorazada (no, no la he visto, pero estoy seguro de que existe). Si por el contrario el que solicita el préstamo es Florentino Pérez, le dirán –“Anda, no te preocupes, que ya me los darás”.


Episodio 5: Uuuuhhhh

Hace unos días, Standard&Poor´s rebajó el nivel de calificación de la deuda de Grecia, o lo que es lo mismo, les dijo a los inversores que el gobierno griego estaba tieso y lo de prestarle los dineros no pintaba nada bien. Después, y en menor grado, rebajó también la de España (con un AA-, que vendría a ser un notable con tendencia negativa) y la de Portugal. No cabe duda, pues, que estas agencias manejan el valor de la deuda alterando los datos para obtener beneficios, que han ayudado a los bancos a esconder los riesgos de las inversiones que promocionaban mientras ellas cobraban sus comisiones, verdadero detonante de la crisis financiera, y que se teme que puedan estar haciendo lo mismo ahora con la deuda pública, pergeñando de la crisis el negocio del siglo y generando a su antojo efectos de contagio en las bolsas de medio mundo. Si aún os quedara alguna duda, apuntar que Warren Buffet, uno de los mayores especuladores bursátiles del mundo, es el dueño de Moody´s. Respecto al tema griego, y para concluir, puntualizar que al final europeos y americanos hemos tenido que poner la guita para que Grecia no quebrara*, y que Zapatero ha sido de los más generosos, por si después nos tocara a nosotros poner la gorra. De ahí que Obama llamara la semana pasada a nuestro presi a las cuatro y media de la madrugada (hora de aquí, claro) para ordenarle sugerirle que recortara el gasto inmediatly, enviándole además un amable séquito de men in black con el objetivo de llevarse el papeleo bien firmadito de vuelta a los USA.


Conclusión: Este mundo se maneja dentro de un sistema corrupto, perfecta y fatalmente dirigido, donde cada proceso económico responde fielmente a un plan trazado con minuciosidad desde esferas que ni tú ni yo alcanzamos a comprender, y esta crisis terminará cuando desde esas esferas se determine que debe hacerlo; cuando sea económicamente beneficioso para aquellos que, desde sus poltronas de hijos de puta (creo que se venden así en el Ikea), decidan que ya nos han chupado suficientemente la sangre. Por ahora.



*N. del A: Sí, los países quiebran, como las empresas. Y las ideologías, cualquier ideología, sólo son parte del aparato publicitario de aquellos que los dirigen. Si de mi dependiera, buscaría dos o tres empresarios honestos y apartidistas para dirigir este cotarro de Garzones, Belenes Estébanes, estatuts y matrimonios que son matrimonios pero, por dIOS, no pueden llamarse matrimonios. Y si los empresarios pudieran no ser españoles, mejor que mejor.


Imagen tomada prestada de aquí.

¡A Belén, postores!


Según el ranking de Alexa, que por lo que se ve debe ser muy fiable, mi humilde blog está situado en séptima posición, tal y como se aprecia en la parte de abajo de esta imagen. Desconozco si hay más de seis indexados, así como la categoría en la que se ubica, si hubiere varias. La web fusilada sobre estas líneas y que sirve de ilustración al post, www.cubestat.com/www.labioscomoespadas.blogspot.com, estima que el valor del blog que estáis leyendo es de más de trescientos millones de dólares (Website Worth: $312,857,143.17), y que el número de páginas vistas por día es de algo más de ciento cuarenta millones (Daily Pageviews: 142,857,143). Así pues, un par de apuntes:

1) Vendo el blog. Como no me gusta lo de abusar, si hay que rebajar el pico de los doce millones se rebaja, que está la cosa mu mala, y por trescientos kilitos podéis haceros con una bitácora la mar de chula. Eso sí, ya le he mandado la captura al director de mi banco, agradeciéndole de antemano la cancelación de la hipoteca de mi dulce hogar, y solicitándole que transfiera el resto de la cantidad a una cuenta de las Islas Caimán, así que los interesados en la puja tenéis de plazo hasta que el susodicho abra el correo electrónico, supongo que el lunes próximo de mañana.

2) Si la población de la Tierra es de unos seis mil millones de habitantes, resulta que cada 40 días el mundo entero habrá leído estas palabras. O eso, o que alguno de mis lectores se ha quedado dormido con la nariz sobre el F5.

Nota: Podéis hacer vuestra oferta en los comentarios. No será publicado ningún comentario que ponga en duda la veracidad del contenido de esta entrada. Todo lo que pone en Internet es verdad. No, no tengo nada mejor sobre lo que escribir. Si tú tuvieras trescientos millones de dólares seguro que entendías el por qué.

Te llamaré Tokyo

“Mientras bajaba, me acordé de la pareja del Skyline y de la música de Duran Duran. Ellos no lo sabían. No sabían que yo estaba descendiendo hacia el fondo de las tinieblas con una gran herida en el abdomen y con una linterna y un cuchillo grande en el bolsillo. Ellos sólo pensaban en la cifra que marcaba el velocímetro, en sus expectativas de sexo, en los recuerdos y en las insípidas canciones pop que subían y bajaban en el ranking musical. Claro que yo no podía criticarlos. Lo único que pensaba era que ellos no lo sabían. Sólo eso.”


Hace tanto tiempo como puedo recordar que ando intrínsecamente enamorado de todo aquello que incluye la palabra Tokio. No es algo racional, lo sé, pero como las endorfinas que el chocolate libera en nuestra mente, la simple mención de Tokio me transporta siempre a lugares imaginarios, a paraísos artificiales que habría podido habitar acaso en algún lugar de mis recuerdos futuros. Así, “Tokio ya no nos quiere” de Loriga o “Trenes hacia Tokio”, de A. Olmos, me rescataron una vez de mi pequeño mundo, el que ahora agoniza entre notificaciones de entidades bancarias que duermen amenazantes en mi buzón y despertadores que siempre marcan la misma hora, secuestrándome a punta de palabra, y yo aceptando con complacencia cuantos síndromes de Estocolmo me inocularon desde sus páginas. Hace unos meses fue “Tokio blues. Norwegian Wood”, título beatleriano, el que de la mano de Haruki Murakami me arrastró a unos años en los que estuve poseído por el espíritu de Holden Caufield, regalándome momentos de ensoñación que aún intento distinguir si acaecieron a éste o a aquel lado de la delgada línea que separa lo que fui de lo que pensé ser.

Últimamente ando atrapado en “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”, del mismo autor. Atrapado, enredado en un ejercicio de imaginación poco común en la literatura de nuestros días, y abandonado a un universo donde se mezclan paisajes urbanos, bestias mitológicas, engendros de la tecnología y miedos tan antiguos como el alma de los hombres, en un laberíntico viaje de ida y vuelta entre pasado y futuro, perfectamente ensamblado en dos historias que serpentean llenando mi cuarto con sus silbidos de terciopelo, afilados como cuchillas de afeitar, mientras Kafka me observa detrás de la rendija que la puerta de mi armario no ha llegado a sellar .

Pues eso, que si estáis un poco cansados de leer etiquetas de champú en el baño o fisgonear lo que hacen vuestros amigos en el Facebook, os recomiendo “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”. A mí se me ocurren pocas maneras más gratas de esperar a que amanezca.

Nota: Me parece objeto de mención apuntar que no tengo entre mis predilecciones la lectura de novelas escritas en otros idiomas (ya sabéis, por lo del lost in translation. Llamadme snob si queréis), aunque el trabajo de traducción de Lourdes Porta Fuentes es, en este caso, sencillamente sublime.

Apocalipsis. Capítulo 1.3.

Resulta que caminaba yo por el casco viejo de Murcia, confortablemente pertrechado por la inquietante voz del Sr. Chinarro (… lleva en los bolsillos una recompensa para quien apriete el gatillo…), cuando me encontré con la minimani estival congelada en la foto que antecede a este texto. La muchachada de la tierra del pijo, visiblemente nerviosa por la expectación de la turba que se iba arremolinando entre ¿cápasao? y ¿cápasaoargo?, se reunía como cada sábado noche de botellón, pero ahora ataviados con trajes de baño de la temporada pasada, binikis varios, cañas de pescar, tumbonas playeras, todo estratégicamente enmarcado ante una pancarta con el lema Esperando al cambio climático. Mala época han elegido los zagales para tan noble y preventivo propósito, coleando aún el invierno más largo, frío y lluvioso de los últimos años. Y es que ya no se sabe si lo del efecto invernadero, la capa de ozono, el cambio climático y el Sursum Corda es una milonga que, a lo timo de la estampita, sólo sirve para llenar los bolsillos de una cuadrilla de magngantes (de magnate y mangante) que hacen turismo en jet privado, alguno con su Nobel bajo el brazo, o realmente habría que ir empezando a poner las barbas a remojar: que si las temperaturas subirán un par de grados más pronto que tarde, que si el BIO Hespérides vuelve de la Antártida confesando que hay más hielo que en el congelador de un piso de estudiantes y es más el ruido que las nueces, que si estamos esquilmando los recursos naturales del planeta por mal uso y abuso de la energía, que si las multinacionales de la electricidad y el petróleo ganan dinero a espuertas en connivencia con gobiernos de aquí y de allá, que si el hombre está cambiando fatal e irreversiblemente el clima, que si dicho cambio sólo responde a los ciclos naturales de lo que viene a ser la bolica del mundo, que si noteechestantalacaMariPuri, que si el primo de Rajoy dixit… Yo, confieso, era de los escépticos.

Y digo “era” porque, apenas unos minutos después de abandonar la plaza donde hice la foto anterior, descubrí, ojiplático, que en el mismo centro de Murcia, una extraña plaga de animales ajenos a los manuales de biología empezaba a colonizar las copas de los árboles del Paseo Alfonso X el Sabio, señal primera e inequívoca de que la fauna local había sucumbido a las variaciones del clima mutando en especies que ríete tú de los basiliscos. Joder, ¿es que no lo veis? ¡Ya ha empezado! ¡Ha empezado! ¡Huid!


Diógenes bebe vodka

Tiene 43 años, una madre anciana con la que convive en situación precaria, y no se le conoce empleo alguno desde hace casi un lustro. Lo sencillo, dado su carácter ermitaño y su aspecto desaliñado, sería confundirlo con cualquiera de los indigentes que ya son legión en las ciudades del mundo civilizado. Lo complicado, para ese mismo mundo civilizado, es siquiera atisbar que el ruso Grigoriy Perelman se esté pensando si aceptar o no el premio de un millón de dólares que le corresponde por resolver un intrincado problema matemático. Si además añado que el Sr. Perelman va convirtiendo esta actitud en costumbre, la paradoja pecuniaria deja de ser tal para trasmutarse, al menos en lo que a mí concierne, en inusitada admiración.

El Instituto de Matemática Clay, en Cambridge, Massachusetts, desafió a los matemáticos que en el mundo son a resolver siete problemas, a mancillar a siete vírgenes que habían permanecido a buen recaudo en el Parnaso del más allá de la teoría matemática, lejos de nuestras sucias y simiescas mentes. Pues bien, Grigoriy Perelman acaba de pasarse por la piedra a la Conjetura de Poincaré (más de un siglo tenía la mozuela), y mucho me temo que sin pedida de mano de por medio. Lo de Poincaré es una movida de algo sobre cuerpos con cuatro o más dimensiones, en lugar de las tres dimensiones habituales. La conjetura presenta una prueba para establecer si una forma que existiera en un espacio de ese tipo, por más distorsionado que estuviera, sería una esfera tridimensional. No pasa nada, yo tampoco entiendo lo que he escrito. Total, que cuando James Carlson le telefoneó desde el Instituto Clay para contarle que había ganado el premio, Perelman reaccionó poco menos que como lo hago yo cuando me llaman, amabilísimas como un cólico nefrítico, las operadoras comerciales de las compañías telefónicas para ofrecerme el enésimo mejor contrato de la historia de las telecomunicaciones. Cuando el mismo jodido ruso ganó hace unos años la Medalla Fields, considerada el premio Nobel de las matemáticas, y ni asomó su recio bigote por la ceremonia de entrega celebrada en Madrid, ya se veía venir que no le iba el faranduleo.

Sergei Rukshin, su profesor de matemáticas durante su etapa escolar, le ha aconsejado que trinque la guita para proporcionar una mejor calidad de vida a su madre. El Partido Comunista de San Petersburgo le ha aconsejado que les ceda la pasta a ellos, que esta vez sí que tienen un plan cojonudo para salvar al mundo del infierno capitalista. Y yo, que no soy de dar consejos, me quito el sombrero y, mientras hago la reverencia pertinente, me digo entre sonrisas “Hay que joderse, tovarich Perelman”. Después invito al matemático a tomar una cañeja para celebrarlo. No me ha contestado, evidentemente.

Cambio de hora

Miro el reloj del teletexto. 1:59:06. 1:59:07. 1:59:08. 1:59:09. Recuerdo la forma en la que me partiste en dos la primera vez que me dijiste que me ibas a querer para siempre, y hago de un milagro que dura un segundo una hora de muerte y resurrección. 3:00:00. 3:00:01. 3:00:02. 3:00:03.

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Ha muerto Miguel Delibes.

Es complicado encontrar en nuestros días a escritores de verdad, a escritores que manejen las palabras casi con nanometría y que alcancen con ellas, además, a emocionarnos a aquellos que nos acercamos a un libro como un niño a su regalo del día de Reyes. Escribir no es amontonar palabras ni arrejuntarlas: es hilarlas. Del mismo modo que no todos los que tocan un instrumento son músicos o no todos los que cantan son cantantes, no todos los que escriben son escritores. Un músico es Ellington o Puccini, un cantante es Sinatra, Billie Holiday o la Callas, y un escritor es García Márquez, Borges o Cortázar. Y Delibes.

Ha muerto Miguel Delibes y se lleva con él su manera de contarnos España, sus campos de la Castilla Vieja y sus gentes, porque lo complicado de escribir siempre es escribir personas. Sus historias acaban apareciendo detrás, como las sombras. Ha muerto después de haber nacido Cinco horas con Mario, Las ratas, La sombra del ciprés es alargada, Los santos inocentes o El hereje, su última y grandísima novela. Y ha muerto como un maestro, con la misma sencillez y honestidad con la que vivió, con el mismo silencio que le dejó su esposa al irse hace ahora unos años.

Se nos ha muerto un maestro y yo, aquí y ahora, le rindo un homenaje que siempre quedará lejos del agradecimiento y la admiración que siento por él y por su obra, aunque cercano por sentido. Descanse en paz.


Imagen tomada prestada de aquí.

JRMora


Desde hace unos minutos, Labios Como Espadas tiene el honor de contar con la generosidad de JRMora en forma de viñeta. Sobre este artista del humor gráfico podéis encontrar más información en su blog, donde disfritaréis de su particular manera de ver el mundo y su forma de entender la actualidad, a menudo acercándonos a la realidad mucho más que cualquier noticiero de periodistas encorbatados. A mí sólo me resta darle las gracias y pedirle perdón por ubicar su obra al pie de este blog, cuestión que espero solventar en cuanto tenga algo de tiempo.

Los días en los que vivimos peligrosamente


La entrada de una fiesta de Los Planetas (¡Dios existe! El rollo mesiánico), una plaquette de Ángel Paniagua, una postal de KIDS (Larry Clark), y un fanzine literario de esos que encuentras de madrugada, sobre la barra de un bar oscuro en el que media docena de almas chocan entre sí como los coches eléctricos de las ferias. Ahora, casi quince años después, algunas de las cosas que hice empiezan a cobrar sentido, aunque aún no acabe de comprenderlo. Es lo que tienen las mudanzas, que te permiten jugan a necrófilos un ratito.

La conjura de los necios

Me permito secuestrar el título de la magnífica novela de John Kennedy Toole para encabezar este post, que amaso entre el estupor y la vergüenza que hace unos minutos me han salpicado desde la pantalla de mi televisor. Antes apuntar que sólo estoy en silencio cuando no hago otra cosa que estar en silencio, así que tengo por costumbre poner la radio o encender a tele mientras escribo. También lo hago mientras cocino o hago limpieza general. No sé, lo hago cuando leo y lo hacía cuando estudiaba, por contraproducente que pueda parecer en tareas que requieran cierta concentración, y desde entonces he conservado ese vicio (y abandonado otros, muy afortunadamente) que sobrevive escondido en algún agujerillo de mi psique, pertrechado en el miedo atroz y estúpido que tengo a perderme algo que pudiera ser interesante mientras estoy en otras cosas, cuando lo único que de verdad pierdo es la parte de mi cerebro que escucha la tele mientras mis neuronas se suicidan, apenas unos segundos después de desearme su mismo mañana a mí y a mi mando a distancia. La radio es otra historia, por suerte, pero sobre eso ya escribí hace unos meses. Y lo del miedo mencionado líneas arriba ya lo cuento otro día, cuando me atreva con una entrada sobre mis parafilias, las voces que me hablan desde mi armario en cuanto apago la luz y demás trastornos personales. Ahora vamos a lo que vamos.

Estaba yo en mis cosas del escribir, con la CNN de fondo, cuando casi sin mirar la pantalla me he abandonado al zapin digital (oye, con lo de la TDT, ¿no se supone que todo sería diferente y entraríamos en una dimensión ulterior en lo audiovisual? ¿Y soy el único que no ha notado ninguna diferencia?) hasta caer en TVE1. Caer, sí, y de bruces, porque el castañazo que me he llevado en mi moribundo sentido común ha sido descomunal al padecer a un tal John Cobra cantando (¿cantando?) un rap (¿rap?) con la intención de repetirlo en Eurovisión (¿Eurovisión?) en representación de España (¿?). No había escuchado semejante abominación en mi vida, y que conste que una vez toqué en unas fiestas de pueblo donde la actuación estelar corría a cargo de Bustamante. No contento con el martirio que acababa de parir, y al verse increpado por el eurofan público presente, el interfecto se ha echado mano al paquete, de manera repetida y al grito de -“Me coméis la polla todos” como si de un mantra liberador se tratara. La Igartiburu, al borde del síncope, le daba pasaícas en la cara mientras le decía -“Cariño, tranquilízate”, en lo que se podía interpretar una situación de apuro televisivo derivado del directo del programa, aunque yo apostaría a que en el fondo estaba acojonada por si el penco se ponía a repartir guascas y a ella le caía la primera. El artistazo ha pedido entonces disculpas, cariacontecido, hasta que alguien del público ha vuelto a silbarle y entonces, enardecido y como volviendo a la vida, ha repetido su estribillo (el de me coméis la polla todos, no el de la canción, por suerte) adornándolo con un

-“Que os den por culo, maricones”.

Ahora a lo que iba, que el vídeo seguro que ya está en Youtube y aquí huelgan más detalles sobre el mismo (perdonad que no lo enlace, pero ando mal del estómago y un solo fotograma podría ser fatal): Esta escoria antropomórfica ha salido en la tele pública, la que pagamos tú y yo, porque una legión de sus iguales así lo han decidido con sus votaciones, con sus miles y miles de clicks de ratón en la web de RTVE. Amigos, esto es la DEMOCRACIA (δεμοσκρατοs), así, en letras mayúsculas, en su expresión más pura, nívea y virginal. La maravillosa y pluscuamperfecta democracia, la madre protectora que nos libra de absolutismos, la hermosa novia del pueblo al que hace uno, grande y libre.

¿O no?

Porque ¿cuál es la diferencia entre la dictadura de un cabrón y la dictadura de millones de imbéciles? A fin de cuentas ambos eligen por mí, ambos me someten a sus decisiones y ambos me erigen en su representado por encima de mi voluntad. El primero, amparado normalmente en la fuerza (acaso divina), y los segundos en la justificación de su número. Vamos, que son más, como si eso tuviera algo de positivo per se. El caso es que yo no encuentro una garantía de criterio o inteligencia en ninguna de las dos, que lo de encontrar ejemplos de pifias de la vox populi sería aburrido por lo triste y evidente, y lo de elegir lo menos malo nunca ha ido conmigo por una simple cuestión de coherencia. ¿Alguna vez os habéis preguntado, ante la hipótesis de que el fin de la especie estuviera próximo y fuera necesario elegir qué cosas salvar para representarnos ante una civilización venidera, cuáles serían las escogidas si se entregaran a la voluntad del pueblo? ¿Qué libro? ¿Qué canción, película o programa de televisión? ¿Qué eminente personaje sería el parangón de nuestra sociedad?

Cristiano Ronaldo, Sálvame, Titanic, Colgando en tus manos y Harry Potter, por orden inverso a las preguntas planteadas. No lo digo yo, lo dice la mayoría. Yo sólo me conformo con intentar quitarme el miedo del cuerpo cuando pienso estas cosas.

Autobombo (No, no me he embarazado a mí mismo)

Gracias.


Allí.

(¿Allí? ¿A qué demonios viene lo de allí?)

Hace hoy un par de años que alumbré Labios como espadas, título Alexandrino que me venía al pelo dada mi intención de repartir estopa y salpicar al mundo con mi bilis en maná (un poco al estilo de P. Carbonell y su Agüita amarilla, pero con más inquina). Podríamos decir que la criatura nació como una terapia y un ejercicio de diversión más que de estilo. Los primeros meses, cada una de las entradas que escribí acabaron vagando por el cibermundo, en una especie de limbo comunicativo, como muchos de sus antepasados en papel que hoy duermen el sueño de los justos en las cajas de cartón que se apilan en mi trastero. En la cadena emisor-mensaje-receptor, en consecuencia, quedaba irremediablemente huérfano el último eslabón, acaso el más importante. Lo cierto es que tampoco buscaba reconocimiento, y las palmaditas en la espalda que mi famélico ego escritor recibió no provinieron sino de las tres o cuatro personas que conocieron de la existencia de esta bitácora porque yo así quise que fuera, manteniendo mi engendro en la penumbra más absoluta.

(Aquí hay un salto temático que destroza el ritmo de la narración)

Mi interés por desinformarme a través de los medios tradicionales fue esfumándose a la vez que crecía mi afición por leer blogs, dando comienzo entonces la tarea de separar el heno de la paja, ardua por la desproporción con la que se amalgaman en la blogosfera. Con el tiempo, me convertí en parroquiano de otros pensamientos, y mi travesía errabunda por el desierto pronto acabó por tener paradas obligatorias en las que calmar mi sed y alimentar mis ganas de aprender y disfrutar: Theo, Awi, Necronomicón, Beta, Galina y Apát, Luna… se convirtieron en mi refugio, en el bálsamo en el que curarme de la mediocridad que todo lo asola en el espejo de Internet, reflejo inequívoco y triste de lo que somos cuando nadie nos mira.

(Aquí debería continuar el párrafo anterior, pero acabo de caer en un agujero negro de mi cerebro. Espera, creo que sobra el “de”. Sobra)

Así, este post que estaba pensado para sacar lustre a mi blog, mirarme el ombligo y hablar de sus entradas, sus comentarios y su pelusilla, termina mentando los vuestros, por envidia y admiración a partes iguales. Bueno, vale, lo dejamos en un 60/40.

(Aquí una excusa que intento hacer pasar por aclaración...)

Por primera vez publico sin releer o corregir la entrada, por falta de ganas y exceso de prisa. Entiendo que sabréis disculparme antes de que vuelva a encender el ordenador y recorra la secuencia personalizar/escritorio/editar entradas/suprimir, cosa que sucederá tan pronto como se me pase la resaca de mañana (o de pasado).

(...y aquí, por fin, acaba lo que debería haber terminado allí.

Lector perspicaz: - Buah… ¿era eso? Pues vaya tontunaca.

Autor honesto: - Tampoco es que la entrada sea para tirar cohetes, así que no sé a qué viene esa cara de decepción.

Ex lector: - Pues también es verdad.)

Lost & found

Hasta hace relativamente poco, era imposible que pudieran filtrarse un disco o una película antes de su presentación oficial. Ahora que las cosas de lo audiovisual han pasado de ocupar el espacio físico a apretujarse en memorias flash o dispositivos USB, hasta límites que habrían puesto los pelos como escarpias al mismísimo Sport Billy, colmo de la compresión ochentera, las primicias duran lo que un ayudante de eléctricos en desenfundar su IPhone a la hora del picoteo. Lost, a puntito de estrenar su sexta temporada, tampoco ha podido escapar a esta moda y su primer capítulo ya está en la Red. Eludo incluir el enlace en este post para no aguar la sorpresa a los losties que ya han pedido libre el próximo 2 de febrero para ir a algún entierro, aunque tras su visionado (lo confieso, yo no he podido aguantar) adelanto algo de su trama: los distintos personajes principales que iban en el avión al principio de la serie (todos, y digo todos) aparecen realizando distintas tareas de su quehacer diario, sin conexión aparente entre ellos, excepto porque una mirada los observa de manera omnipresente: la mirada de John Locke. Poco después, cada uno de ellos recibe una carta con una secuencia numérica que ya conocemos, secuencia que ninguno echa en cuenta y que acaba en la papelera en todos los casos, aunque en uno de ellos acaba siendo rescatada por la mano de un niño, que la mira con familiaridad y, sonriendo, suelta un "lo sabía" en voz baja: es Walt. Tampoco voy a seguir destripando el capítulo, que luego to se sabe, aunque adelantaré que Claire... no, no adelantaré nada.


Imagen tomada prestada de aquí.