Labios Como Espadas

Labios Como Espadas es un blog de carácter social, abierto y plural. Política, música, actualidad... Todos los temas tienen cabida, sin otra pretensión que la de mostrar un punto de vista independiente sobre los acontecimientos que conforman la realidad de un mundo que construimos (y destruimos) entre todos.

martes 24 de noviembre de 2009

Para pintxazos buenos los que prepara mi Joseba

Ahora va a resultar que algún iluminado se ha empezado a empercatar de que el gobierno de la nación (de la de ahora) utiliza un sistema de escucha telefónica sin prestar mucha atención a lo que debería ser el derecho civil y la privacidad individual y ciudadana. Y yo, que soy malpensante por naturaleza, me pregunto para qué leches compra un gobierno de la nación (de la de antes) un artilugio como SITEL si no es para escuchar de manera sibilina lo que se dice en corrillos y a sotto voce. Que sí, que lo maligno no es el aparato en cuestión, sino quienes lo manejan, pero cuando a los mandos está la clase política de la nación (de ésta, la de ahora y la de antes) la garantía de un uso ético de semejante cotilla electrónico vale lo que un pagaré a dos años de un constructor de la especie de los leonados, como los buitres.

Los gobiernos de las naciones (de ésta, de las otras, de las de ahora y de las de antes) han utilizado desde siempre sistemas de escucha telefónica, rastreo de correos electrónicos y hasta habrán cacheado a alguna paloma mensajera con cara de sospechosa en aras de la seguridad general, y con ese mismo propósito, han mantenido en secreto sus métodos hasta que ellos han decidido hacerlos públicos, lo que indefectiblemente conduce a la conclusión de que al final sólo sabemos lo que los hombres de negro quieren que sepamos. Por si acaso, y con el fin de contribuir poniendo mi granito de arena en esta psicosis conspiranoica, yo ya he chequeado si tengo el móvil pinchado siguiendo las instrucciones que publicó la revista Época el pasado mes de julio. Marcas *#06# y si te sale el número de serie del aparato es que nadie se ha interesado por tu miserable vida. Aunque igual todo es una estrategia para que el móvil quede desprotegido una vez marcada la secuencia en cuestión, o peor aún, autopinchado y con envío automático de la conversación a la redacción de Sálvame, donde pequeños aprendices de Karmele salivan escuchándote decirle a tu madre que lo del forúnculo en el culo va mucho mejor que antesdeayer.

Y tú, ¿de verdad no vas a marcar la maldita secuencia?

(Como siga así, acabaré escribiendo la séptima temporada de LOST del tirón)

martes 17 de noviembre de 2009

Yo te entiendo

Querido José Ramón Julio (me permito tutearte):

No podía dejar pasar la ocasión de dedicarte una entrada en este mísero blog, que se hace grande sólo por mentar tu nombre, ahora que estos cabronazos de El Jueves (yeyés de mierda, que diría el filósofo) te han zurrado la badana tan inmerecidamente, choteándose de ti con un VÍDEO que han COLGADO EN SU WEB.

Tú, adalid de la rebeldía ochentera, Rey del Pollo Frito, pero rey al fin y al cabo que es lo que cuenta; tú que hiciste grande el rock urbano y además en cristiano, que es lo chungo, y que le den por saco a The Clash y compañía, que no había dIOS que los entendiera cantando en extranjero.

Tú, cuya palabra era maná de sabiduría en las mejores y más profundas tertulias de la televisión de este país, como la que nos enriquecía cultural y espiritualmente cada noche en Crónicas Marcianas, ¿y qué si gastas en cremas lo que otros no pueden en comida, o si tu cirujano de estética se limpia el culo con billetes de quinientos desde que tú eres su cliente, aunque sin duda lo niegues en un alarde de modestia para no hacernos sentir mal a los narigones que en el mundo somos legión?

Tú, porque te has enrocado en la SGAE, dedicando tu tiempo y tu talento a defender que la música debe costar dinero, y además mucho, te critican por los rincones los majaderos de la cultura libre, sin entender que sólo intentas vaciar los bolsillos de la muchachada para que no les queden perras para vicios y sigan así el camino de la virtud.

Tú, que no has dudado en medirle la cara con tus nudillos a algún periodista tocapelotas, en defensa de tu honor como los caballeros de verdad, porque algunos sólo aprenden a pescozones que hay cosas que no se preguntan, y porque un correctivo de jarabe de palo a tiempo no viene mal a nadie y evita muchas confusiones y, sobre todo, innecesarias pérdidas de tiempo conversando.

Tú, oh tú, ahora eres blanco de graciosillos de medio pelo (también fuiste blanco, aunque te pusieran morado a pedradas, en el Viña Rock. Pero eso ya está olvidado, que rencoroso no eres) que disfrazan de humor lo que no es otra cosa que ignorancia, condenándote a la burla a la que una vez son siempre sometidos los jenios de tu talla.

Yo entiendo que seas como eres.

Aclaración para los amables señores que, a sueldo de Don José Ramón Julio, se dice que peinan la red buscando, con ánimo de meterles mano (en la cartera), a los malandrines desocupados que le tocan los huevos al Sr. Martínez Márquez: Ni sé lo que es la ironía, ni el doble sentido, ni la sátira ni nada que se le parezca. Yo sólo sé hablar desde el corazón.

jueves 5 de noviembre de 2009

Réquiem





Vivo en Águilas, un precioso pueblo murciano que limita con Almería por la costa. Durante años, el motor de la economía local fueron la agricultura y la pesca, y las tardes de mi niñez parecían escritas por un guionista de Verano Azul. Conforme transcurrían los años 80, y probablemente imbuidos por el cine patrio que 20 años antes había llenado nuestras salas de señoras estupendas de la lejana Europa, las mentes preclaras de nuestra Casa Consistorial entendieron tarde y mal que el turismo podría ser una fuente de ingresos, y desde entonces los aguileños hemos vivido en tierra de nadie, sin saber si queríamos ser Ibiza o Benidorm, cuando sólo teníamos que ser nosotros.

Estos últimos años, como en muchos otros lugares de España, el ahora denostado ladrillo sembraba sin discreción y a discreción nuestras calles de huevos de oro, hasta que la gallina ha decidido emigrar a otro corral. Personalmente siento vértigo al contemplar la verdadera riqueza de un pueblo esquilmada, al ver cómo nuestras señas de identidad han sido lapidadas con el beneplácito de unos ciudadanos casi tan analfabetos como sus gobernantes, unos paisanos que sin saberlo, sin querer saberlo, asistían a un entierro vestidos con traje de cocktail. Hoy, tras la fiesta, llega la resaca, aunque esta borrachera de avaricia duele más en el corazón que en la cabeza.

La Isla del Fraile se encuentra a unos dos kilómetros de la población, con acceso mediante un sendero que transcurre sobre la línea de costa, en una zona paradisíaca y escoltada desde tierra por la Playa Amarilla, una cala virgen de arena finísima y aguas de una pureza casi única en el levante español. Hace ya unos años y habiendo sido elegido alcalde un empresario local, cabeza de lista de un partido independiente y propietario de unas tierras que lindan con la playa mencionada, se procedió a la recalificación de dichos terrenos tras pacto político con el Partido Popular. Con el paso del tiempo, el número uno del P.P. en Águilas acabó en la Alcaldía (y ahí continúa, democráticamente respaldado por sus conciudadanos y toreando imputaciones de cuando en cuando) y las tierras fueron vendidas a un grupo inmobiliario asturiano que empezó a construir en este enclave un resort de lujo. Desconozco las condiciones urbanísticas de los terrenos, no he estudiado el plan parcial ni hecho un análisis sobre si éste se está llevando a cabo de forma regular, pero todos esos detalles se antojan menores cuando ves cómo alguien entierra tus recuerdos robándoselos a tus hijos, sepultando un patrimonio natural que no se entiende en términos económicos.

La asociación aguileña Águilas Natura ha denunciado la tropelía medioambiental que se está cometiendo en la zona. Podéis creerme si os digo que, en un pueblo como éste, levantar la voz y dar la cara de esta manera es todo un ejercicio de coherencia y valentía. Este post sólo es un aplauso sincero hacia Águilas Natura por su iniciativa.


viernes 11 de septiembre de 2009

El Camino de las Estrellas


En un par de días partiré hacia Roncesvalles. Desde allí, a mil kilómetros de casa, encaminaré mis pasos a Finisterre, con una mochila cargada de preguntas cuyas respuestas no se encuentran en la tierra que ahora habito, ni en los bares en los que me emborracho con mis amigos, los mejores que podría tener, ni en las calles que recorro cada día. Dicen que probablemente esas respuestas estén ya dentro de mí, que lo han estado siempre, pero yo no termino de encontrarlas. Quizá me las acaben susurrando los montes navarros, o las llanuras del Bierzo, o se escondan bajo una piedra en la Costa da Morte, allí donde acaba el mundo. Quizá no.

Como sabéis, por higiene más que por otra cosa, los comentarios de este blog tienen que ser autorizados por mí antes de que se publiquen, así que no me echéis los perros si desde el lunes no aparecen las palabras con las que tan amablemente correspondéis a lo que aquí escribo.

En cualquier caso, gracias por pasar por esta casa, que es la vuestra.

Hasta pronto.

domingo 30 de agosto de 2009

Tres cáscaras de nuez y el garbanzo en el bolsillo


Que de truhanes está el mundo lleno no es noticia que alarme a nadie. Lo cierto es que no es ni noticia. Engañar es atributo inherente a todo ser vivo, desde insectos a plantas, desde bacterias y microbios a mastodontes tiranosáuricos. Y nosotros, oh seres supremos cúspide de la cadena alimenticia, hemos perfeccionado la técnica hasta hacer de la estafa a nuestros propios congéneres casi un deber diario. El sábado estuve sometido a algo así como un arresto domiciliario, y mi perenne insomnio, entonces cálidamente arropado por unas décimas de fiebre, me llevó a sumirme en un zapin feroz, necrótico e incontrolado. Heme aquí que tropecé sin remedio con uno de esos concursos sacaperras vía telefónica que han hecho de la madrugada televisiva su cortijo horario (bendito Canal 24h), y uno de ellos llamó mi atención durante un par de minutos, superando en mucho el tiempo que dediqué a resolver los intrincadísimos acertijos del resto de los canales (entre ellos “Ciudad española con cinco “a”, que empieza por Gua y termina por lajara”). El caso es que en La Sexta, una tipa recauchutada hasta las pestañas, salida de las páginas centrales de revista de lateral de kiosco, proponía a gritos un ejercicio matemático que me parecía insultantemente sencillo a la vista de los 50000 euros de premio. Más por entretenimiento y afición a los números que por la intención de acostarme millonario de antiguas pesetas (las nuevas pesetas aún no acabo de encontrarlas por ningún sitio), reviví mis tiempos escolares y su “Cálculo mental, cálculo rápido” y realicé el ejercicio: -12. Fácil. No, espera, acaba de llamar alguien con ese resultado y la rubia le ha dicho que no. A ver… no sé, quizá ese signo de interrogación después del de igual… Joder, parece un 2… Ya está: -10.

Pues ni -10, ni 50, ni 52, ni 3,14159265, ni su puta madre.

568. No acertó nadie, ni una sola de las cientos de llamadas que pasaron al aire desde las dos y media de la madrugada hasta las seis de la mañana, hora en la que acabó el programa. Por cierto, una nimiedad: en la letra pequeña que sale justo bajo la línea de flotación de esta Pamela Anderson patria, de vez en cuando te dejan caer que el premio seguro es de quinientos, mil o dos mil euros, dependiendo del programa, y que lo de las 50000 castañas es un bote que te lo dan si después de adivinar (porque no es resolver, es adivinar) el resultado, rizas el rizo y le dices a la simpática presentadora cuáles son los seis números del 0 al 100 que hay escritos en un papelito en el interior de otro sobre. Vamos, como acertar la primitiva, pero entre unos cuantos millones más de probabilidades.

Ahora las reflexiones y los pensamientos malvados:

  1. Puesto que el programa dura tres horas y media, y si algún iluminado llamara con la respuesta correcta a los pocos minutos, una vez que el operador de turno le coja el teléfono y confirme la solución, ¿lo pasará a directo o lo dejará esperando hasta el final?
  2. Porque, digo yo que soy un alma cándida, no lo pondrán en cola de espera para decirle a falta de cinco minutos que no queda tiempo para pasar su llamada y que pruebe suerte otro día, ¿no?

Asco de teles, gobiernos que las permiten y país de pan y circo.

Por cierto, si alguien se anima a explicarme lo del 568, le quedaré agradecido. Ojiplático y agradecido.

martes 28 de julio de 2009

Proa al Castillo de Águilas


He salido a conectar el ordenador (a mi casa aún no ha llegado esto del Internet, y mira que lo intenta. Acabaré atrancando puertas y ventanas rollo peli de George A. Romero) y he pillado señal junto a un centro comercial que hay sólo a unos minutos a pie. Como me parecía patético sentarme en la puerta, con un cigarro entre los labios y el portátil sobre mis rodillas a lo Indigente 2.0, he tirado del Google Reader, me he bajado vuestros blogs, y he vuelto a casa, que andar a las cuatro y media de la madrugada con un ordenador por determinados barrios sólo puede traerme problemas.


Las cosas han cambiado por aquí y he dejado de perseguir dragones, al menos de momento. Me he envainado los labios y las espadas, que hacen mala junta con el salitre, y reparto mis ratos del campo a la mar, con la certeza de que volverán los malos tiempos, y con la alegría de saberlos aún lejanos e inofensivos. Igual en unos días vuelvo a escribir, que las ideas me siguen bullendo en la cabeza. Lo que pasa es que ahora no me importa que lo hagan, ni me importa que no me importe.


Feliz verano a todos.

viernes 26 de junio de 2009

Michael Jackson



Prácticamente me crié en casa de mi abuela materna. Vivía en el Cabezo del Molino, una suerte de callejuelas intrincadas que ascendían como serpientes hacia un viejo molino que nunca vi funcionar y que, sobre todo en estos meses, se llenaban de vida cada noche: gatos sin casa, ni dueño, ni collar antiparasitario, gitanillos semidesnudos corriendo descalzos y divirtiéndose con juegos que hoy desaconsejaría cualquier manual de pedagogía, mujeres que departían alegres sentadas en corro en la puerta de las casas, perfectamente acomodadas en sillas con el asiento de esparto o acunándose en mecedoras casi desvencijadas, mientras sus hombres apuraban un Celtas solucionando los problemas del mundo en el bar de Paco, y puertas que nunca se cerraban para que entrara el fresco en verano. Allí, sentado en un viejo sofá, en casa de mi abuela y por Nochevieja, contemplé el miedo por primera vez, en forma de un chico negro convertido en un zombie que bailaba en mitad de la calle. Y cómo bailaba.


Hace cuatro horas que ha muerto Michael Jackson, y sus canciones son ahora las que danzan en una fiesta improvisada en mi salón. No faltarán buitres, hienas y necrófagos varios haciendo dinero desde mañana mismo: que si renegó de su raza (acabo de oírlo en la CNN), que si se tomó el “dejad que los niños de acerquen a mí” de una manera demasiado literal, que si era un desequilibrado porque su padre le medía el lomo de pequeño o que si estaba en la ruina, serán menú único de las cadenas de telemierda. Luego, en las promociones (que diría el gran Gasset), anunciamos una recopilación del Rey del Pop, nos repartimos los cuartos, y todos tan contentos. Yo no voy a ir por ahí. Ni por el otro lado, que de detractores y fanáticos está el mundo lleno. Además, seguro que San Pedro ya se está encargando de eso.


Con Jackson muere, en mi opinión, uno de los últimos símbolos que conocerá nuestra sociedad, porque ya no se hacen ídolos con treinta años de garantía (si acaso, de un par de temporadas de Operación Triunfo como mucho). Thriller, el Moonwalker o echarse la mano a los huevos al grito de uuhhh permanecerán en la memoria colectiva de millones de personas para siempre, porque hay cosas que pasan sin llamar y se quedan a vivir por ahí dentro, pegándose al corazón como el caracolillo a los barcos.


No sé, podría escribir toda la noche sobre su forma de bailar, la que él inventó, o sobre lo mágico y perfecto de algunas de sus canciones, pero ya sabéis que esta noche tengo parranda en casa, y Billie Jean acaba de subirse a la mesa y me está tirando todos los vasos.