Ahora

¡Otro más! Van siete. No, no, espera. Uno, dos… ocho. Ocho mosquitos minuciosa y necrológicamente apilados en el cenicero. Entre las feroces gaviotas protegiendo sus nidos sobre mi tejado y los culícidos que me sobreviven, voy a tener que acabar abandonando la costumbre de escribir de noche en el balcón si no quiero morir picoteado y desangrado en una de éstas. Ya casi amanece (que no es poco), y unos y otras acabarán yéndose a dormir y a desayunar respectivamente. Y un día más, y un día menos.


Yo he disfrutado desde aquí, apenas hará unos minutos, de un espectáculo cada vez menos frecuente en las costas de nuestro país, porque hemos esquilmado nuestro mar y por(lo)que el pescado que llega de las costas africanas es mucho más barato; hablo del espectáculo de contemplar un puñado de pequeños barcos pesqueros procesionando cuando el sol apenas comienza a eyacular sus primeros rayos, de observar cómo cada una de sus lucecitas verdes y rojas acababan perdiéndose al salir de la bahía alejándose del puerto en su fade out diario, regalándome la sensación agridulce de participar de un ritual casi sagrado, tan antiguo como el hombre, y que agoniza ya irremediablemente. En unos días yo también lo haré, lo de perderme arañando el Mediterráneo, gobernando torpemente el pequeño velero que me va a hacer compañía este verano: a mi izquierda el Cabo de Cope un día, a mi derecha la Isla de San Juan de los Terreros otro, o Cabo Tiñoso y sus acantilados si la mar está buena unas semanas más adelante. Luego, en tierra, la CBF que acabo de terminar de pagar con no poco esfuerzo dos años después de verla por primera vez en aquel taller del centro, me esperará resignada hasta septiembre, cuando las carreteras estén limpias de correManoloquenosquitanelsitiodelasombrilla con prisa que espolean sus turismos a lo “Conquista del Oeste”, de niñatos con prisa que consumen fines de semana por turulos de billetes de 20, y de mi propia prisa de no tener prisa.


Sería complicado explicarlo todo ahora: lo de mi insomnio, lo de las olas perfectas encrestadas de sueños, lo de cambiar el dinero por el tiempo y el futuro por el presente, lo de por qué vuelvo a usar mis Wayfarer, lo de volver caminando de madrugada desde el Casino con “Smokers outside the Hospital Doors” rebotando en mi cabeza como la bola gigante de un pinball, lo de las tortas de azúcar…




El silencio y la sonrisa de esta noche. El silencio. La sonrisa. Eso es más fácil de comprender. Pero ya está amaneciendo.

Nota: Imagen tomada prestada de aquí.

9 comentarios:

pitusa38 dijo...
23 de junio de 2009, 2:09

Hola, bonito escribes, me has recordado a mi, cuando me asalta el amanecer y aún estoy frente al ordenador, soy ave nocturna, jeje.
Un placer pasarme por tu blog.
Un saludo

Anónimo dijo...
23 de junio de 2009, 11:43

sr.j;que clase de culícidos son los que le rondan?y no ha pensado colocar estratégicamente un par de velicas repelentes d'sas aumentando asi la esperra en su terraza y haciendola sì cabe más acogedora?;y por que no hace una foto de esa romántica vista que tanto saborea en estas largas noches ,todavía fresquitas,y la disfrutamos todos,aunque no hayamos pagado.tol pijo!no,no borra borra!!!!!

J dijo...
24 de junio de 2009, 15:13

Pitusa38: Muchas gracias. Es cierto que hay gente cuya naturaleza es nocturna, como ciertos animales. No hay por qué preocuparse hasta que te dé por aullarle a la Luna llena.

Anónimo: Anoche probé lo de las velas y funciona (de citronella o algo así). La foto más adelante. Y feliz santo, por si aca. Un saludo.

Bellaluna dijo...
24 de junio de 2009, 15:32

soy como las gaviotas -pero poco feroz- de tu tejado, nocturna, ensimismada con el mar. Si desde mis ventanas de calle canalla de París apuro minutos y cigarrillos frente al teclado pensando en mañana, mañana no habrá modo de abrir los ojos, ¡qué no haría frente al mar!

un beso

Luna

Theo dijo...
25 de junio de 2009, 17:26

También soy noctámbulo yo, y espero no cambiarlo nunca. La noche se presta a trabajar mejor -nadie llama, ni te urgen, ni piden...-, a conversar sotovoce, a disfrutar de temperaturas decentes...

Pese a ser de tierra firme, he envididado tu verano de velero, más por la descripción que por ganas de hacerme patrón a estas alturas, lo cual, te aseguro, es mucho.

Gracias por el texto tan hermosos!

J dijo...
26 de junio de 2009, 17:27

Bellaluna: Una calle canalla de París... la verdad es que suena muy bien. Y, confieso, yo sí tengo días en los que no abro los ojos.

Theo: Vamos, Theo, anímate. Tienes que estar genial con tu camiseta de rayas y tu sombreriro a lo Jean Paul Gaultier.

Markos dijo...
27 de junio de 2009, 12:16

Lo has contado tan bien, que la próxima noche que te sientes a pelearte con los mosquitos mientras escribes, estarás compartiendo tu tranquilidad con unos cuantos que estaremos esperando que nos cuentes la vida que pasa por tus ojos.
Espero que te relaje mucho el velero.
Salu2

J dijo...
29 de junio de 2009, 18:40

Markos: Gracias por pasar por aquí. Un saludo.

Javier dijo...
1 de julio de 2009, 18:40

De allá vengo yo, de Aguilas mismito y sus playas de alrededor. Es estupendo levantarte sin tener que rezar para que haga buen tiempo.

Saludos y a pasarlo bien.