Poco a poco, y siempre a rebufo de la realidad social, la pléyade de estudiosos de la economía mundial van desentramando las causas y el rumbo (el destino aún está por anunciarse) de la crisis económica que, a modo de plaga bíblica, azota el mundo mal llamado civilizado (el otro lleva azotado desde hace siglos). Todos coincidieron en un principio que la crisis era de índole económica (tampoco había que ir a Harvard para saberlo), para después descubrirla como crediticia y abundar últimamente en el eufemismo "crisis de confianza". Yo voy a dar el siguiente paso, que en mi opinión fue el primigenio y desencadenante de todo cuanto se nos está viviendo encima: crisis de valores. Nos hemos ocupado de atender las "necesidades" de nuestros hijos con cuantas playstations nos han enviado desde el Japón, de atender las nuestras a base de coches y apartamentos en Torrevieja, y de procurarnos ropa del cortinglés quellegalabodadelamaripuriynotengoqueponerme. Ahora nos ha pasado como en los chistes malos: se ha bajado el telón y cuando se ha vuelto a subir, la película ha cambiado en lo que dura el intermedio. ¿Las razones? Pues una primordialmente: que detrás de todo eso que hemos comprado, detrás de aquello que hemos adquirido sin necesitarlo, incluso sin poder pagarlo... no hay nada. Nada. Bueno, sí, estamos nosotros, pero ya no somos nadie sin nuestra Visa Oro. Estamos desnudos, desamparados, sin un norte al que dirigirnos más allá del mejor producto de marketing inventado nunca, ése al que llaman ESTADO DEL BIENESTAR. Para el crío que estrena BMW al mismo tiempo que estrena su mayoría de edad no hay un universo fuera de su tapicería de cuero y sus subwoofer. Por eso no sabe a dónde mirar para encontrar la explicación de todo lo que ve por la tele, de todo lo que ve en la fábrica en la que trabaja, de todo lo que ve al llegar a casa.Klaatu barada nikto
Publicado por J. en 12/12/2008 07:54:00 p. m.
Poco a poco, y siempre a rebufo de la realidad social, la pléyade de estudiosos de la economía mundial van desentramando las causas y el rumbo (el destino aún está por anunciarse) de la crisis económica que, a modo de plaga bíblica, azota el mundo mal llamado civilizado (el otro lleva azotado desde hace siglos). Todos coincidieron en un principio que la crisis era de índole económica (tampoco había que ir a Harvard para saberlo), para después descubrirla como crediticia y abundar últimamente en el eufemismo "crisis de confianza". Yo voy a dar el siguiente paso, que en mi opinión fue el primigenio y desencadenante de todo cuanto se nos está viviendo encima: crisis de valores. Nos hemos ocupado de atender las "necesidades" de nuestros hijos con cuantas playstations nos han enviado desde el Japón, de atender las nuestras a base de coches y apartamentos en Torrevieja, y de procurarnos ropa del cortinglés quellegalabodadelamaripuriynotengoqueponerme. Ahora nos ha pasado como en los chistes malos: se ha bajado el telón y cuando se ha vuelto a subir, la película ha cambiado en lo que dura el intermedio. ¿Las razones? Pues una primordialmente: que detrás de todo eso que hemos comprado, detrás de aquello que hemos adquirido sin necesitarlo, incluso sin poder pagarlo... no hay nada. Nada. Bueno, sí, estamos nosotros, pero ya no somos nadie sin nuestra Visa Oro. Estamos desnudos, desamparados, sin un norte al que dirigirnos más allá del mejor producto de marketing inventado nunca, ése al que llaman ESTADO DEL BIENESTAR. Para el crío que estrena BMW al mismo tiempo que estrena su mayoría de edad no hay un universo fuera de su tapicería de cuero y sus subwoofer. Por eso no sabe a dónde mirar para encontrar la explicación de todo lo que ve por la tele, de todo lo que ve en la fábrica en la que trabaja, de todo lo que ve al llegar a casa.Las cosas de antes: Episodio 1.
Publicado por J. en 12/11/2008 05:13:00 p. m.
Tengo 34 años. Crecí jugando en la calle. Simplemente abría la puerta de mi casa, bajaba a la "placeta" y mis amigos estaban allí. Bebíamos del mismo grifo en una de esas fuentes públicas, y algunos hasta chupaban de él como de una pajita cuando, habitualmente en verano, sufríamos los cortes de agua tan comunes en el sur de España en las zonas turísticas. Comíamos plastilina y plastidecor en los colegios como si nos fuera la vida en ello, y no habríamos cambiado nuestros Phoskitos y nuestros polos de bolsa (el flash de cocacola era lo máximo) por ningún Actimel del mundo. En los recreos, jugamos al burro (churro, mediamanga, mangotero) mientras los profesores echaban un cigarrito en sus despachos. Viajaba con toda la familia en el Seat 127 azul marino de mi padre, sin cinturón de seguridad, airbag, ABS o GPS, por carreteras mal asfaltadas y casi sin señalizar. A la primera chica que me gustó, simplemente la cogí de la mano y la miré a los ojos. No necesité sms, ni emoticonos, ni messenger, ni ;). Cada verano era infinito, como infinita la espera de dos horas de digestión hasta meternos en el agua. Pescábamos pulpos en playas con arena de verdad que nuestras madres cocinaban en asados perfectos, y no sabíamos lo que era una crema de protección solar de factor 15. Fabricábamos flechas con cañas y chapas aplastadas en la punta y arcos con ramas de palmeras; eso cuando no nos abríamos la cabeza los unos a los otros con los tirachinas compuestos del cuello de una botella de plástico con un globo en el gollete.
No supimos lo que era una pornstar hasta que debimos saberlo, y como no teníamos teléfono móvil, nuestros padres no tenían manera de localizarnos durante horas y horas; aún así, nadie se preocupaba en exceso, porque simplemente estábamos en la calle, jugando. Aprendimos a contar con el Conde Draco y nuestro reloj calculadora nos convertía en los más chulos del barrio por unas horas. Y aunque en ocasiones no entendíamos demasiado bien lo que hacían Pedro Reyes, Alaska o Pablo Carbonell, La bola de cristal nos impregnó para siempre de su espíritu cretivo, libertario y transgresor. Después vinieron los helados en la Venezia y las hamburguesas "especiales" en el Bruselas. Pero eso... eso ya es otra historia.
Supongo que me hago viejo.
J. el Pitoniso
Publicado por J. en 12/04/2008 05:50:00 p. m.
Más por no calentarme la sangre que por otra cosa, porque los motivos se multiplican día tras día, llevo unas semanas sin hablar de este expolio al que antes se conocía como crecimiento desacelerado y al que ahora ya se le llama crisis (ya sabéis, rollo elartistaantesconocidocomoPrince). Los grandes bancos y sus chiringuitos de trilero con mesas de caoba, auspiciados por los gobiernos del mundo civilizado (¿civilizado?), han volatilizado el dinero y ya ni ellos saben bajo qué cáscara de nuez está el garbanzo. Seguro que los que se han quedado con la manteca sí que conocen milimétricamente el agujero donde la tienen escondida. El caso es que, según un sencillo cálculo matemático (estadística + progresión aritmética), hoy debe haber sellado su cartilla del paro el desempleado número 3.000.000. Supongo que no se habrá encendido una de esas lucecitas de los grandes hipermercados que avisan que el comprador número 1.000.000 acaba de pasar por caja y podrá elegir entre una muñeca Pepona o el estupendo Perrito Piloto (¡qué alegría, qué alboroto!), porque la situación habría resultado tan poco divertida como obscena. Y ahora es cuando viene lo de mi anuncio, que hay que empezar a tener un plan "b":Espacio publicitario.
Pitoniso J. presta (lo de presta, claro está, es un eufemismo) sus servicios de clarividencia al mejor postor. Abstenerse optimistas.
100% de efectividad DEMOSTRABLE (Pinchar aquí).
No se aceptan tarjetas de crédito.
Que "X" nos pille confesados
Publicado por J. en 11/25/2008 07:16:00 p. m.
"Dos guardias civiles se suman a la petición de retirada de símbolos religiosos".
20N
Publicado por J. en 11/20/2008 04:56:00 p. m.
Pro bocando
Publicado por J. en 11/17/2008 12:50:00 p. m.Probemos de otra manera:
http://martutenebreak.blogspot.com/
¿Ahora?
Un blogo, dos blogos, tres blogos.
Publicado por J. en 11/15/2008 03:05:00 p. m.
Hace unas semanas me inscribí en uno de esos concursos para blogueros. Lo hice sin intención ni esperanza de ganar, y la mayor prueba de ello es que ni siquiera publicité mi blog o coloqué el logo del certamen en él. Incluso perdí todo el interés hacia la mitad del proceso de las votaciones, máxime cuando comprobé que éstas se movían más por amiguismo y trueque de votos que por la calidad de las bitácoras participantes. En cualquier caso, no critico las bases del concurso, las cuales acepté tácitamente al inscribirme, ni a los ganadores en las distintas categorías. Puedo discrepar de su clasificación pero no dudo en absoluto de la legitimidad de los premiados. Cuando el poder de elección lo tiene el pópulo, la garantía de que la justicia coloque a cada uno en su lugar es tan lejana como la posibilidad de que Belén Esteban acabe un sudoku. Gana el que más votos recibe y punto, y al que no le guste, con irse a zurrir mierdas con un látigo todo arreglado. El caso, y ésa es la excusa de estas líneas, es que me sirvió para descubrir que, entre toneladas de textos que te invitaban a ejercer de voyeur en fiestas de cumpleaños, con sus ganchitos de queso incluidos, y otros acontecimientos de similar y tan vital importancia (YO con mis amigos en un bar, YO de viaje, YO leyendo la etiqueta del bote del champú, YO con YO), se escondían verdaderos tesoros: reflexiones impecablemente escritas, artículos de opinión, relatos, ilustraciones... En definitiva, pequeños soplos de arte e inteligencia a partes iguales, microcosmos personales que han acabado enganchándome a sus periódicos renacimientos. Hace unos días inserté en la parte izquierda de este blog algunos de ellos, esperando que si decidís visitarlos, los disfrutéis tanto como yo. Como ya sé que son mejores que el mío no hace falta que me lo hagáis saber, y si alguno de vosotros se atreve a decirlo en alguno de los comentarios de este post, sus palabras serán vil y cuidadosamente cercenadas, manipuladas y censuradas. Y si además me pilla en un día torcío, lo de Willian Munny (minuto 2:17) os parecerá el mejor de vuestros destinos. Ojito.

